Joep Beving
Afincado en Ámsterdam, Joep Beving apunta sobre su obra que es música sencilla para emociones complejas. Y sí, lo es. Con composiciones de y para piano solo minimalistas, afectivas y vulnerables, que destilan una calma genuina que contrasta con la presencia imponente de su creador -más de dos metros de altura, largas melena y barba: como si fuera un descendiente directo del vikingo Ragnar Lothbrok-, que lo han convertido en un fenómeno global. Un neoclasicismo sin ornamentos, el suyo, que ha sido requerido, incluso, para musicar para televisión, cine y publicidad. Será porque adopta, dice, un enfoque pop, tanto en la composición como en la interpretación.